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Autor: Micky Turci

En los albores de la era digital, las aplicaciones móviles (apps) fueron vistas como la próxima gran frontera para los medios de comunicación. Sin embargo, el entusiasmo inicial se vio rápidamente mermado por la complejidad de las descargas y la competencia feroz de los motores de búsqueda y las redes sociales, que ofrecían acceso inmediato y sin fricciones a vastos océanos de contenido. Ahora, una década después, estamos presenciando un regreso de los medios a las apps, impulsado por la creciente inestabilidad de los algoritmos de búsqueda de Google y la irrupción inminente de la inteligencia artificial (IA). Esta transición no es solo una cuestión de supervivencia, sino una reinvención necesaria en un entorno cada vez más controlado por intereses privados, ha llegado el momento de controlar los entornos editoriales, volver a compartimentar la información, primero porque es necesario darle la identidad correcta, y segundo y también crucial, evitar que la audiencia de los medios se mida como si fueran paladas de arena y se entiendan como puñados de polvo de oro. Menos es más, pero ya no sirven los entornos abiertos protegidos por muros de pago, esa hibridación no está dando resultados, las webs de los medios deberán convivir con las apps, unas servirán de puente hacia las otras, el contenido no estará cerrado por el pago, estará indexado a una app donde el usuario se identificará, pagará o no, pero estará en un entorno protegido y veraz, cualificado y protegido.

El desafío de los algoritmos volátiles

Los motores de búsqueda, encabezados por Google, han sido históricamente las puertas de entrada al contenido en línea y básicamente los causantes de que las apps pasaran a la historia en los medios de comunicación cuando éstos se percataron de la bicoca que era hacer SEO y conseguir ingentes cantidades de tráfico. Sin embargo, la naturaleza opaca y cambiante de los algoritmos que rigen estas plataformas ha dejado a los medios de comunicación en una posición precaria. Los cambios en los criterios de búsqueda pueden, de la noche a la mañana, desplazar a una publicación de la prominencia a la oscuridad, con consecuencias devastadoras para el tráfico web y, por ende, los ingresos publicitarios.

Estos algoritmos, diseñados para priorizar la relevancia y la calidad, son en realidad herramientas manejadas por empresas privadas cuyo objetivo final es maximizar sus propios beneficios. Las frecuentes actualizaciones y ajustes, muchas veces realizados sin una comunicación clara, pueden favorecer a ciertos tipos de contenido y perjudicar a otros, generando una competencia desigual y, en ocasiones, desleal. Los medios, que tradicionalmente han sido guardianes del periodismo de calidad, se encuentran compitiendo en un juego cuyas reglas desconocen y que cambian constantemente.

La IA y la automatización de contenidos

La irrupción de la inteligencia artificial en la generación de contenido ha añadido una capa adicional de complejidad. Plataformas como Google ahora pueden priorizar contenido generado automáticamente por IA, optimizado para los algoritmos y capaz de producirse en una escala y velocidad inalcanzables para los periodistas humanos. Este contenido, aunque efectivo para captar clics y visitas, a menudo carece de la profundidad, precisión y rigor que caracterizan al periodismo de calidad. Sin embargo, es importante señalar que la banalidad de los contenidos no es provocada exclusivamente por la IA, sino por el sistema que prioriza la cantidad sobre la calidad, una de las razones más importantes del deterioro del periodismo digitalizado.

Las apps como solución a la dispersión y la banalidad

Ante este panorama, la vuelta a las apps se presenta no solo como una opción viable, sino como una necesidad estratégica. Las apps ofrecen un entorno cerrado y controlado donde los medios pueden ofrecer contenido de calidad sin estar sujetos a los caprichos de los algoritmos de búsqueda. Dentro de una app, los medios pueden construir una comunidad fiel, ofrecer experiencias personalizadas y, lo más importante, monetizar de manera efectiva su contenido sin depender de sistemas de pujas que devalúan su trabajo.

Las apps permiten a los medios escapar de la "tragedia de lo común" que representan las plataformas abiertas. En estos entornos semiabiertos, los usuarios a menudo se frustran al encontrarse con contenido protegido por muros de pago, lo que lleva a una experiencia decepcionante y fragmentada. En una app, sin embargo, los usuarios saben que están entrando en un espacio exclusivo donde el acceso a contenido de alta calidad justifica la inversión. Además, las apps evitarán que las fake news se adjudiquen a medios serios, preservando la integridad y credibilidad de las publicaciones. Las apps evitarán que las noticias se desperdiguen en la red de redes, y se sepa todo de su comportamiento entre la audiencia. Cuántos medios hoy en día dedican mucho personal a buscar lo que le funciona a los demás para hacer negocio copiando la idea y, jugando con su mayor autoridad algorítmica, explotándola como propia

La privacidad de los Buscadores: un servicio público en manos privadas

Es fundamental cuestionar la concentración de poder en manos de empresas privadas que controlan los motores de búsqueda y, por extensión, el acceso a la información. La búsqueda de información debería ser un servicio público, gestionado con transparencia y responsabilidad hacia el bien común. La realidad actual, sin embargo, es que estos gigantes tecnológicos actúan con autonomía y sin rendir cuentas sobre las implicaciones de sus decisiones. La falta de regulación y supervisión permite que estos cambios algorítmicos, que pueden beneficiar a unos pocos y perjudicar a muchos, se realicen sin consideración por las consecuencias a largo plazo para el ecosistema de medios y el derecho del público a una información veraz y diversa.

El compromiso diario con los lectores

Las newsletters de los diarios cerrados en sus apps se convertirán en un cartel del compromiso diario con sus lectores. Estas comunicaciones directas y personalizadas refuerzan la relación entre el medio y su audiencia, asegurando que el contenido relevante y de calidad llegue de manera consistente. Las apps, además, ofrecen una plataforma ideal para la distribución de estas newsletters, optimizando la experiencia del usuario y aumentando la fidelización. La nueva realidad de los medios de comunicación ya la inventamos hace 15 años con la irrupción de las apps, pero contrarrestaron esa estrategia la promiscuidad de los buscadores, en España Google en forma de monopolio, y los medios nos acomodamos en esa fiebre del oro del tráfico a espuertas, un tráfico que ahora nos retiran sin ningún pudor.

La publicidad en las Apps: un modelo de prescripción

La publicidad dentro de las apps se cobrará como se cobraban antes los espacios publicitarios en los periódicos y revistas: no será una cuestión de cantidad de impactos, sino de prescripción de audiencias perfectamente estudiadas. Este modelo permite a los anunciantes llegar a un público específico y comprometido, lo que aumenta la efectividad de las campañas publicitarias y justifica precios más altos por los espacios publicitarios. En lugar de competir en un sistema de pujas que devalúa el valor del contenido, los medios pueden ofrecer a los anunciantes un entorno controlado y de alta calidad, alineado con los intereses y necesidades de su audiencia.

Foros con expertos y salas privadas

Otro componente vital de la estrategia de retorno a las apps es la inclusión de foros y salas privadas donde los usuarios puedan interactuar directamente con expertos y periodistas. Estas plataformas no solo fomentan una mayor interacción y compromiso de la audiencia, sino que también refuerzan la credibilidad y autoridad del medio. Los periodistas y expertos pueden ofrecer análisis en profundidad, responder a preguntas y proporcionar un valor añadido que no es posible en las plataformas abiertas. Esto crea un espacio exclusivo y de alta calidad que los usuarios valorarán y estarán dispuestos a apoyar.

Conclusión